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Te deseo (deseo tu deseo)
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Inspiración, fuente de oración. Auspicio de algo divino expresado en canción. Para quien clama, todo es clamor. Para quien ama, todo es amor. Pero vos fuiste daga clavada directo al corazón y para alguien más, quizá quien te ama, daga clavada en la espalda sin un ápice de compasión. Como inspiración misma te atesoré, dije. Nada de ello eras, encarnación misma de la condenación. Qué era sino tormento errante en busca de alguna clase de redención. Te fuiste apenas llegaste conociendo tu error. Te equivocaste y me orillaste a amar una vez más a quien no puedo dar amor. Mirá, corazón mío, lo que provocaste. Juro que te bendigo todos los días por nunca tomar acción. Manuscrito en Poemario Negro.
Toky tosyry
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Quien desee vivir, que busque la forma. Quien desea vivir, hallara la manera, y vivirá. Por eso grita, grita, llora tan alto que los cielos se rompan. Grita , grita y llora. Pero si gritar, gritar y llorar sirviera para vivir, los musgos, botones de algodón y escarabajos, todos, todos estarían gritando. Todo cuanto vive estaría gritando, y no habría más muerte. ¿De qué sirve guardar la esperanza? Pero él gritó, gritó y lloró, tan alto que los cielos se rompieron. Cayó, entonces, sobre él la condena a cántaros, pero él siguió gritando. Gritó tan alto que aquellos con oídos lo escucharon. Gritó tan alto que su voz atravesó vidrio, valles y collados. Quien desee vivir, que busque la manera. Quien desee seguir viviendo, que viva. que grite, que llore, que cante y baile, que le susurre al viento su deseo y rompa la tierra para lograr el encuentro, que corra y salte, que nade y respire. Quien quiera que desee la vida, que luche durante cada segundo de ella para mantenerla. Por qué...
SPM
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¿Qué sientes, cariño mío? Aquello entre las costillas, demasiado apretado. La boca del estómago, demasiado ahogado. ¿Pero qué es? ¿Por qué? ¿Por qué me encuentro así? No lo entiendo. ¿Por qué me siento de esta manera? No lo comprendo. ¿Ya viste las flores? ¿Sus brillantes colores? El contraste con el tinte nublado, dando espacio al clima templado. La tierra húmeda, el pasto mojado, la ternura de los musgos en los árboles. ¿Viste? Una tan regordeta de agua que casi cae al suelo. ¿Ya viste? la intensidad rosada de una nueva flor. El florecimiento en conjunto de los jazmines. El cielo de nubes monocromáticas en su más puro estado multicolor. ¿Entonces, por qué? ¿Por qué estoy así? ¿Por qué me siento así? Me obligo a respirar hondo, sentir el aire de tormenta fría ahora, tan sutil, agradable, mi ánimo está perfecto. El corazón cálido por la emoción, por el sosiego. Y aún así, aprisionado. Demasiado, demasiado apretado. La boca del estómago se transmite a la garganta en su presión. Aho...
Rencor, resentimiento
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Cuando se otorgaron los dones, decime, ¿en qué lugar te encontrabas? Cuando se repartieron los talentos, decime, ¿dónde estabas parada? Supe que te sedujeron las bondades de este mundo. Que te perdiste en la extrañeza de cada pequeña cosa conocida. Ignoraste murmullos de lamentos, deliberadamente escogiste ese sendero. Exprimiste la humedad de tus súplicas, los musgos se acurrucaron bajo tus dedos. Cuando viste a la lluvia venir, supe que la dejaste sobrevenir para tu consuelo. y las hojas de ocaso mancharon tu vestido, y los pétalos de tu destino murieron sin cuidado. Se me fue dicho que se te fue ofrecido un pedazo de vidrio transparentemente opaco. Que cuando lo enterraste en el barro esperaste que algo de él naciera, algo que floreciera. Si fue por las rodillas que se pelaron al doblarse. Si fue por los nudillos que se rasgaron por el vidrio triturado. Si fue por la sal de río que derramaste mientras apartabas con las uñas aquella escarlata lava añejada y mojada. Habrá de habe...
Amistad circunstancial
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I A quiénes habremos olvidado en el camino, por no recordar de ellos el rostro, o cómo se llamaban. Dónde habremos dejado el incienso que perfumaba los senderos que nuestros pies juntos palparon. Cuántos años debíamos haber aguantado, comentamos, para que lo nuestro alcanzase la eternidad. En los días en los que compartimos el mismo destino, ahí se quedaron nuestros abrazos y el deseo de seguir conociendo quien éramos y quien seguíamos siendo. Allí quedó el trenzarnos el cabello, el compartir la mirada en el mismo techo estrellado. Trocar diminutos gajos acebos por risas, por un minuto de compañía bajo el sol de invierno. Podríamos buscar culpables y maniatar al tiempo, amenazarlo hasta que dé razones de su prisa. Pero, seguramente, altivo ahí en su silla, nos respondería que necios somos, que deseamos recuperar una circunstancia. Y quizás ni así nos daríamos cuenta que estar en el mismo auditorio no fue un milagro y de que el acuerdo siempre había sido claro. El intercambio de un...
Que se vaya
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Que se vaya, que se vaya, déjenla que se vaya. ¿Para qué quieren que se quede? Si por si sola ya se había ido. Que se vaya, que se vaya, déjenla que se vaya. ¿Para qué quieren que se quede? Si para estas horas, ya todos deberían de haber estado dormidos. Dejen que la lluvia caiga y se la lleve. Dejen que el viento sople y se la lleve. ¿Qué más quieren? Del alba al ocaso, ¿extender su sufrimiento acaso? ¿Qué más quieren? Del crepúsculo matutino al vespertino, ¿modificar de alguna forma su destino? Dejen que se vaya y duerman. Dejen que se vaya y miren, por primera vez, la oscuridad. Dejen que se vaya y entiendan que si se ha ido ha de haber sido por algo. Manuscrito en Poemario Negro.
Calidez otoñal
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Andar descalza, sentarse en el suelo, sentir el sol en el cuello. El dolor de su luz en la piel de la espalda, que mi cabello incomode a las masas. La agilidd en su calidez, el recuerdo de que siempre habrá un nuevo ayer, que yo lo estoy forjando. Pero ahora su ritmo ha llegado, viento sur de bombos y platillos.