Vaciado automático
Me da miedo.
Realmente me asusta.
Aunque fue por una pequeñísima
fracción de tiempo,
pude sentir esa presencia espantosa,
la que me ha sacado
más de un llanto.
Lo describiría como un vaso
que tiende a llenarse,
aunque no muy fácil,
si ferozmente.
Ella,
podría decirse,
que toca fondo rápido.
Se enoja fácil,
se plaguea y dice qué le molesta,
aunque no siempre
de la mejor forma.
Él,
en cambio,
parece soportar más,
me es impredecible.
No me gusta.
Es condescendiente.
Se podría decir
que adopta esa postura que yo anhelo,
pero de una forma tétrica,
pues al tocar fondo,
me dan ganar de llorar
con tan solo recordar.
No es una persona mansa.
Lo procura,
pero en el fondo
ni él se la cree.
Es como si su vaso
no tuviera vaciado automático.
Yo pienso que el mío
es cuando me siento a pensar.
Él,
tal parece,
necesita de un intercesor
para volver a estar templado.
No importa
de qué forma lo vea,
pues no es su culpa,
sino el de ella,
pero ambos decidieron estar así,
deberían de solucionarlo
y no cambiar de tema.
Manuscrito en Turquesa: Mi sirena pelirroja.
Comentarios
Publicar un comentario