La madrugada en la que volví a soñar
¿Cuándo fue la última vez que cerré los ojos y soñé?
¿Cuándo fue la última vez que abrí los ojos y seguí soñando?
Sueños cercanos, inalcanzables.
Cimas, picos tan altos, tan palpables.
Cuándo fue la última vez que me encontré mirando,
hacia mi interior, hacia el futuro
con tanto anhelo, con tanta esperanza.
El conocimiento de que el mundo se acaba
ya no me amedrenta.
Mi mundo se acabó hace mucho tiempo
y nadie se dio cuenta.
Pero, por suerte, mi alma advirtió temprano
de que mi existencia continuaba,
de que aún existo.
Y convenció a mi corazón y mente
de juntar mis revoltijos,
para dejar de bailar descalza
sobre los filosos pedazos de mis sueños rotos.
En lugar de eso, decidí juntarlas y ponerlas al fuego,
así con ellas podría, quizás, soldar palabras.
Aunque en lugar de eso, creo que soldé mi alma,
y a ese corazón roto de niña encaprichada
que solía mirar al mundo como si en él hubiera
un futuro cercano, donde ella existiera.
En esta madrugada, volví a soñar
un sueño tan fantasioso, tan irreal
que el mismo sueño, el sueño no me dejó conciliar.
Soñé que existía, que vivía, que miraba.
Hice planes de cincuenta años en un minuto,
que luego deshice en un segundo
para crear nuevos sueños,
nuevos pasatiempos,
nuevas expresiones de mi existencia.
Porque mi deseo de no haber existido no se opone
a mi deseo de seguir existiendo.
Prueba irrefutable de este sentimiento
es esta madrugada.
Madrugada en que volví a soñar.
Manuscrito en Poemario Negro.
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