Regresaste (¿Por qué?)

 Volviste a aparecer,

volviste a regresar,

regresaste una vez más.


Me hacés preguntarme si en algún momento

te fuiste de verdad.


Volviste a aparecer frente a casa.

Esa casa que no es mía

ni tuya.

Pasaste debajo de esa puerta,

la puerta que vos pusiste

y después quitaste,

solo para volverla a colocar,

como todo lo que hacés.


Tenías un brillo nuevo en los ojos.

La mirada llena de nueva esperanza,

una mirada que ya había visto antes.

¿Cuántas veces?

No tengo vida para contarlas todas.


Estoy segura de que sos consciente,

no hay manera de que no lo seas,

aunque quizás sí lo seas,

como fuiste ignorante de todos mis demás pesares.


Pero de alguna manera,

seguro te diste cuenta,

que soy débil ante tus ilusiones.


Encontré facilidad en tomar tus sueños,

en hacerlos míos.

Tan atrapada en tu narrativa,

en tu seguridad y anhelo,

estaba dispuesta a seguirte

hasta el fin del mundo.

Pero fuiste vos quien le puso fin

a ese mi mundo.


Nunca pediste por segundas oportunidades,

al menos no a mí.

Nunca ofreciste una disculpa,

al menos no a mí.

De entre las muchas cosas

que no notaste de mí,

en verdad que sabías

que a pesar de todo

iba a estar ahí para vos.


Pero la vida se encargó

de enseñarme dos cosas hasta ahora:

El que asume, pierde,

y nunca tomar nada por sentado.

Y así como comencé

a darle valor a lo que tengo alrededor,

también entendí que yo también

merezco algo de tu consideración.


Entonces, entraste por esa puerta

con tanta alegría

que me fue más fácil

ofrecerte mi rechazo.


Quizás en otra vida,

como dicen,

vamos a aprender

a saber el uno del otro

antes de necesitarnos.

Yo no te quiero ser útil,

tampoco quiero

que lo seas para mí.


Algún día,

estoy segura,

vamos a poder querernos

sin necesitarnos.


Algún día,

estoy segura,

voy a dejar de quererte

y odiarte,

por tu incertidumbre.


Esa cruz

que me heredaste.


Manuscrito en Poemario Negro.

Comentarios