Timidez encantadora

Existe un punto intermedio
entre el mundo real y los sueños.

Cuando las pequeñas ventanas,
incansables persianas,
flaquean.

Sucesos que se viven en el inconsciente,
aquello que se percibe en un mundo no vivido.
El mundo nuevo que se crea,
uno que existe en su inexistencia.

En ese punto intermedio
fue que vi, fue que soñé,
soñé con el ruido de unas vías de tren
sentí el paso apresurado del transporte público.
Vos también resultaste habitar en la ambigüedad
de una existencia inexistente.

Soy fiel creyente
de que los sueños, su combustible,
es tan solo la realidad vivida
y la no vivida.
Es por eso que te acuso a vos por este sueño.
Surcando un clúster de estrellas,
una nebulosa que,
con los ojos cerrados,
pude ver,
al mirar por la ventanilla.

Fue por vos,
porque hablaste conmigo,
por tu fascinación por el cielo,
sobre estrellas cuya existencia olvido,
incluso cuando cae la noche.

Difícil no caer en tu encanto,
en tu timidez irradiada en curiosidad.

Ha de ser por vos,
por gente como vos,
que aún vale la pena
escuchar y ser escuchado.

Manuscrito en Poemario negro.

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