Tapiz de trébol
Que se extienda la espesura de tu vestido
que repoble toda la tierra de un suspiro.
Calmada fuiste y regresaste sin aliento,
por ser todo cuanto otorgaste, fiel sustento.
Cuida los pasos de quien anda sus senderos,
cautiva las fauces de quien pasa por ellos.
Encierra el racimo del fruto venidero,
renovada aún con el peso de sus lamentos.
Si encalla su mirada por este momento,
si se halla en la oscuridad de este tormento,
en el verdor glacial de nuestro cimiento,
que se recueste y vea como si fuera cierto.
Si no se hallare será, pues, desconcierto
para aquellos que aguardan su nacimiento.
Y el oleaje de la lluvia de hace un momento,
curará de ellos todo llanto y sufrimiento.
Manuscrito en Poemario Negro.
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