Te amo: te extraño demasiado
Un diciembre, pasamos todo, felices fiestas,
hasta el año que viene.
Un equinoccio, tres meses, sentarme a tu lado
cual su fuéramos siameses.
Por eso mis pasos se pusieron en marcha de vuelta,
caminaron como descalzos, tropezaron sin pausa.
Soltaron mis labios una plegaria,
sin saber yo rezar,
contra el vidrio templado de horizonte demacrado,
marcado difuso por el anhelo sin nombre
de volverte a encontrar.
Tras las escalinatas, no habían sino miradas,
rostros en blanco y sonrisas marcadas,
ajenas a nuestra existencia,
indiferentes a nuestra ausencia.
Quedé, entonces, yo, con los hielos en las manos
sin saber dónde dejar reposar el alma
por no hallarte a mi lado.
Quedé, entonces, yo, varada, sin entender
qué había pasado.
Hoy, sin embargo, por fin he escuchado,
alegría de mi vida, que te has marchado.
Demasiado lejos, como para compartir un abrazo.
Demasiado lejos, como para volver a ansiar tus pasos.
En su contradicción monumental,
mi corazón reboza de contento,
por tu felicidad,
por tu florecimiento.
Al fin pude darle nombre a este sentimiento.
Te extraño demasiado, con un infame tormento.
Pero que quede grabada en piedra
como sagrado juramento,
la promesa que ha sido hecha,
esa deuda tuya que me apremia.
De compartir unos instantes,
con el brebaje de yerba, viste,
quizá bajo algún árbol
Compartir unos instantes,
aunque ya no sea como antes.
Compartir unos instantes,
aunque todo haya cambiado.
Compartir unos instantes, te digo,
porque te extraño demasiado.
Manuscrito en Hoja blanca, de una carta que debe ser enviada.
Comentarios
Publicar un comentario