Diálogo de una niña

¿Cuál ha de ser el sabor del cielo?
¿Sabrá al caer del rocío por si acaso?
¿O sabrá a la brisa sobre un pañuelo
mecido a la angustia por el ocaso?
El cielo tiene el sabor de los arándanos.
Así, en la perplejidad me dejaron tus manos.
Parecióme más tangible el conocimiento
de las memorias por el tiempo en detrimento.
¿Cuál habrá de ser el sabor de las nubes?
¿A alma quieta de elevador cuando subes?
¿O a nudo en vientre en camino despoblado
cuando prisa aqueja y el pie torna pesado?
Las nubes saben a algodón de azúcar.
Empalagosa, efímera dulzura.
¿Qué significa que algo sea efímero?
Duran apenas, instante mísero.



Entiendo ahora por qué tus labios me supieron a cielo.
Entiendo ahora que nubes fueron tu amor y abrazo.







Manuscrito en Poemario Negro.

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