Me enamoré de vos (delirio monumental)
Te amo, te amo.
Te amo.
Dios mío, qué me ha pasado.
Me enamoré de tu sonrisa,
tu voz,
apenas la he escuchado.
Entonces,
¿Por qué es que también la amo?
Preciosa esa tu mirada,
¿Cómo no enamorarse?
Inútil tratar de volver a escapar.
Nuestras miradas,
no se encontraron por casualidad.
Yo la perseguí,
con toda intencionalidad.
Te perseguí con el corazón.
Con mis ojos grité tu nombre.
¿Pudiste escucharme?
Mi delirante corazón,
lo creyó así.
Enloquecido,
desquiciado corazón
este que habita en mi pecho.
No lo había conocido así.
Solo estrechar tu mano era suficiente.
Para mi alma, era suficiente.
Le fue suficiente para rebozar de gozo.
¿Era necesario aquel abrazo?
Un saludo a dos besos.
¿Acaso buscabas el matarme?
Con poco menos era suficiente
para conseguir tal cometido.
Con tan solo mirarme
desde lejos.
Con levantar una mano,
al saludarme.
Con eso, simplemente,
ya lo habías logrado.
Fui un alma en pena a partir de ese momento.
Un espectro más,
de los que andan atornillados contra su voluntad,
a la realidad terrenal.
Con la mente, la consciencia,
pegada a la silueta de tu espalda,
en mi caso particular.
Tan solo conservar el recuerdo
de ese encuentro, de mi delirio,
debería de haber sido suficiente.
Pero este corazón mío resultó ser codicioso.
Seguí yendo a vos,
una y otra vez.
Por un poco más,
por una mirada más,
por un saludo más,
por una despedida...
¿Qué es esto?
¿Llegué a la idealización extrema?
¿Qué tanto me he de estar proyectando?
Sé con certeza
que ocurre por lo poco
que conozco de vos,
pero,
¿qué puedo hacer yo contra esto ahora?
Cuando desde aquel día de lluvia
aquel en el que nos encontramos,
mi desquiciado corazón,
ya quería reclamarse
como tuyo.
Manuscrito en Hoja arrancada de algún cuaderno.
Comentarios
Publicar un comentario