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Mostrando las entradas de abril, 2026

Rencor, resentimiento

Cuando se otorgaron los dones, decime, ¿en qué lugar te encontrabas? Cuando se repartieron los talentos, decime, ¿dónde estabas parada? Supe que te sedujeron las bondades de este mundo. Que te perdiste en la extrañeza de cada pequeña cosa conocida. Ignoraste murmullos de lamentos, deliberadamente escogiste ese sendero. Exprimiste la humedad de tus súplicas, los musgos se acurrucaron bajo tus dedos. Cuando viste a la lluvia venir, supe que la dejaste sobrevenir para tu consuelo. y las hojas de ocaso mancharon tu vestido, y los pétalos de tu destino murieron sin cuidado. Se me fue dicho que se te fue ofrecido un pedazo de vidrio transparentemente opaco. Que cuando  lo enterraste en el barro esperaste que algo de él naciera, algo que floreciera. Si fue por las rodillas que se pelaron al doblarse. Si fue por los nudillos que se rasgaron por el vidrio triturado. Si fue por la sal de río que derramaste mientras apartabas con las uñas aquella escarlata lava añejada y mojada. Habrá de habe...

Amistad circunstancial

I A quiénes habremos olvidado en el camino, por no recordar de ellos el rostro, o cómo se llamaban. Dónde habremos dejado el incienso que perfumaba los senderos que nuestros pies juntos palparon. Cuántos años debíamos haber aguantado, comentamos, para que lo nuestro alcanzase la eternidad. En los días en los que compartimos el mismo destino, ahí se quedaron nuestros abrazos y el deseo de seguir conociendo quien éramos y quien seguíamos siendo. Allí quedó el trenzarnos el cabello,  el compartir la mirada en el mismo techo estrellado. Trocar diminutos gajos acebos por risas, por un minuto de compañía bajo el sol de invierno. Podríamos buscar culpables y maniatar al tiempo, amenazarlo hasta que dé razones de su prisa. Pero, seguramente, altivo ahí en su silla, nos respondería que necios somos, que deseamos recuperar una circunstancia. Y quizás ni así nos daríamos cuenta que estar en el mismo auditorio no fue un milagro y de que el acuerdo siempre había sido claro. El intercambio de un...

Que se vaya

Que se vaya, que se vaya, déjenla que se vaya. ¿Para qué quieren que se quede? Si por si sola ya se había ido. Que se vaya, que se vaya, déjenla que se vaya. ¿Para qué quieren que se quede? Si para estas horas,  ya todos deberían de haber estado dormidos. Dejen que la lluvia caiga y se la lleve. Dejen que el viento sople y se la lleve. ¿Qué más quieren? Del alba al ocaso, ¿extender su sufrimiento acaso? ¿Qué más quieren? Del crepúsculo matutino al vespertino, ¿modificar de alguna forma su destino? Dejen que se vaya y duerman. Dejen que se vaya y miren, por primera vez, la oscuridad. Dejen que se vaya y entiendan que si se ha ido ha de haber sido por algo. Manuscrito en Poemario Negro.

Calidez otoñal

Andar descalza, sentarse en el suelo, sentir el sol en el cuello. El dolor de su luz en la piel de la espalda, que mi cabello incomode a las masas. La agilidd en su calidez, el recuerdo de que siempre habrá un nuevo ayer, que yo lo estoy forjando. Pero ahora su ritmo ha llegado, viento sur de bombos y platillos.

Diosa blanca, moteada

Oh, ser espectral, esplendorosa, abismal. Permitíme, te suplico, volverte a contemplar. Oh, serenidad, diosa blanca y moteada, solo una vez más, te vuelvo a suplicar. Pero la gran pregunta acá, es en dónde estarás. Porque bien podrías ya esperándome estar. ¿Pero yo? Estoy perdida, desatinada, sin ningún mapa al que consultar. Caminando va a ser, entonces, con estas mis piernas y yo, que habré de llegar hasta tu costado, volando si es necesario. Van a procurar, seguramente, pasar de largo el empedrado. Corriendo, tropezando, pero llegando a tu lado. Por eso, mi bella aparición, solo una vez, te vuelvo a suplicar, guardame tus pétalos, blancos y moteados.  Sopesar así tus ramas y mi soledad. Manuscrito en Poemario Negro.

La belleza de una flor...

Esparcida toda tu cobertura, te limitaste a observar al sol dorado. Concediéndole toda tu cordura, hallaste en el encuentro aquello acordado. Un pacto sagrado de vivir para vivir, la promesa de la hermosura para contemplación, la saciedad de poder haber hecho existir a pesar de haber tenido que vivir tal inmolación. Fue el viento, fue su sombra, fue la lluvia que cayó. Fue el pasto, la maleza, fue mi mano quien cortó, tus tiernos tallos, tus callados, todas tus hojas en verde flor. Ahora imploro tu perdón. Manuscrito en Poemario Negro.

Mi pequeño (Mitã'i churi)

Eras tan pequeño en estos brazos, lo recuerdo con la claridad nubosa de un sueño recién despertado. Eras tan pequeño en estos brazos, eran tan pequeños estos brazos. Los que te sostenían sin entender el peso sin entender tu significado. Eras tan pequeño en tus primeros pasos, lo recuerdo tan vívidamente, en el espectacular fulgor de tu risa. en el deslumbrante amor de tu mirada. Eras inocencia pura envuelta en carcajadas. Eras naturaleza libre en tus correteos. Eras tan pequeño en tus primeros trazos, aquellos que te enseñé y me enseñaron en tu ingenio artístico en tu dominio numérico. Éramos tan pequeños cuando nos encontramos, éramos tan pequeños cuando nos abrazamos. ¿Dónde fue que te escondiste de mí? ¿O es que fui yo quien se escondió de vos? ¿Cuándo te escapaste de mis recuerdos? ¿Cuándo me borré yo de los tuyos? Nos volvimos a encontrar luego, en un camino estrecho, el que había dejado de lado. Nos volvimos a encontrar luego, cuando todo en mí lo había derrumbado en el camino es...

(De Novela Historia G.)

Pequeño pedazo de tierra volcánica, cráter de magma petrificada. Tierno jugo de vida enfurecido por rescatarla de quien sería sino de quien se sacrifica por resguardarla. De quien se libera a sus anchas por temor a seguir fluyendo. De quien se retiene a sí misma por temor a detenerse. Llena la piel rasgada en su naturaleza, toma la llama que corrompe a quienes la perjudican. Riega la tierra donde derramas tus esporas,  alimenta el suelo y trasciende su centro. Haz brotar en tus sienes la vida, aquella que te arrebataron sin fundamento. Haz brotar de tus cimientos la muerte, aquella que te otorgaron sin argumento. Si te clamaran tus hijos, aparecerías en los cielos. Si te buscaran tus hijas, aparecerías en sus lamentos. "Derrámense, derrámense entonces, antes de que se petrifiquen" Gritaron quienes desde sus entrañas padecieron el tormento de tu ausencia, similar a la hambruna por falta de lluvia. Llénalos, entonces, para que sus males  no se desahoguen en quienes te pertenece...

Frío otoñal

Frío, frío, que se impone. Frío, frío, que te escoge. Pasaron días y semanas, ¿qué te tomó tanto tiempo llegar? Pasaron días y semanas, cuando la gente más te recordaba, cuando los recuerdos más te llamaban, ¿en dónde te encontrabas? Frío, frío, que se disipa. Frío, frío, que sucumbe en soledad, ¿En dónde estabas? ¿Qué te tomó tanto tiempo llegar?

Consonancia de almas

Sangre de la sangre de mi sangre. Huesos formados de los huesos que me formaron. Las cuerdas vocales en nuestras gargantas, las hojas de yerba mate en nuestras cuencas, mezcla desgraciada de cielo y tierra, unidas en las brazas de la indiferencia cegadora.  Aliados, contrincantes. Cómplices, secuaces, Rivales, adversarios. Consuelo de los rocíos de pestañas, causantes de los filos del alma. Quienes toman la bifurcación contraria. Quienes se abrazan en el camino de llegada. Érase una vez, tres que casi fueron cuatro. Érase una vez, un par de compañeros de cuarto. Érase una vez, una historia escuchada. Érase una vez, una historia que fue contada. Érase una vez, una historia transmitida, de memoria a memoria, desde tres perspectivas. Manuscrito en Poemario Negro,

Susurros del alma

Los susurros que me helaban el alma tornaron en eco de una soledad. Tan inmensa como la faz de la tierra, tan basta como la extensión del mar. Los susurros que me helaban el corazón tornaron en una melodiosa canción, que lejos de perderse en aquella estación o transformar a esta alma en duro caparazón, me brindaron calma, esa dulce sensación. Los susurros que me helaron la existencia tornaron en una voz que buscó ser escuchada, una que surcó los confines de la expansión, una que se acurrucó en el abismo del cielo en el paraíso de las profundidades, encontró en algún sitio unos oídos antes de perecer, de en espuma tornarse. Manuscrito en Poemario Negro

Te amo: aún con todo te quiero

El motivo de mi desconsuelo ha de ser porque dentro aún llevo el anhelo de un día de estos decirte que te quiero. Te perdono todo aquello que no sabes sobre mis remordimientos y mis males. Pero es que acá el problema soy yo y mi limitado conocimiento del amor. Manuscrito en Poemario Negro.

ORIONIDA AMANTE

¿Qué se podría hallar aquí, sino confesiones cotidianas? ¿Qué se podría hallar aquí, sino fragmentos de mi realidad? Aquello que experimento del mundo, aquello que mi mente me deja experimentar. Sucesos transmutados en la consciencia que de alguna manera buscan libertad. Por azares del destino,  o por designio divino, hallaron su camino, en tinta en lugar de puñal. Ironía de la vida sobre alguien que no sabe hablar. Remembranzas del día a día, que codificarse decidieron para que solo yo entienda en un pequeño afán ingenuo. Un deseo más que interno de complicidad autocomplaciente, sin más deseo que desahogarse, sin más deseo que comprenderse. Del estilo guardo silencio, causa que ni yo lo entiendo. Por capricho, mero capricho no están en prosa mis suceseos. ¿Qué son entonces? No lo diré yo. Quizá algún día, o quizá no. Cuando mis versos, a esta alma afligida, le hayan otorgado la salvación. Original de Blogger.