Diosa blanca, moteada

Oh, ser espectral, esplendorosa, abismal.

Permitíme, te suplico, volverte a contemplar.


Oh, serenidad, diosa blanca y moteada,

solo una vez más, te vuelvo a suplicar.


Pero la gran pregunta acá, es en dónde estarás.

Porque bien podrías ya esperándome estar.


¿Pero yo? Estoy perdida, desatinada,

sin ningún mapa al que consultar.


Caminando va a ser, entonces, con estas mis piernas y yo,

que habré de llegar hasta tu costado, volando si es necesario.


Van a procurar, seguramente, pasar de largo el empedrado.

Corriendo, tropezando, pero llegando a tu lado.


Por eso, mi bella aparición,

solo una vez, te vuelvo a suplicar,

guardame tus pétalos,

blancos y moteados. 

Sopesar así tus ramas y mi soledad.



Manuscrito en Poemario Negro.

Comentarios