Entradas

Mostrando las entradas de diciembre, 2025

Mi color favorito

 Jamás supe escribir correctamente su nombre. A pesar de tenerlo pintado frente, frente a mis ojos. Ahí, la primera vez que vi, porque fue amor a primera vista. Me cautivó desde el primer instante. En las flores, en las más coquetas, te presentas. En el hogar que no es mío, pero amo. En el bolso que no es mío, pero cargo. En cada accesorio que no me pertenece, porque jamás fuiste mía, aunque no lo parece. Fulgorosa intensidad atrapante, Un instante apenas fue necesario. Como arrebato religioso me asoló, Siguiéndome en su persecución, Incansable en su audacia atroz, Aún más en los años venideros. Tras el amor primero, vino la imposición. Amé a este color, como ama una doncella casada sin amor. Quien, tras navegar en las profundidades de su amado, no puede evitar caer rendida de amor. Sos el aroma del musgo, que las yemas de mis dedos buscan en sueños. La lejanía fría, fresca, que me abrazaba, mientras abrazaba su espalda. Sos el techo que me cubre, que no escatima en su bienvenida, ...

Comencé a amarte (Demasiado tarde)

 Demasiado tarde comencé a amarte. Demasiado tarde me enamoré de vos. Te quise descubrir temprano pero fuiste para mi como una llaga en la planta de los pies. Tus tiernos cauces me causaban dolor. Me recordaban quien no era yo. El polvecillo gris manchaba mis dedos haciendo recuerdo que no era de ahí, mucho menos de su gente, ni de tu vegetación, con la que un día tropecé y caí tan fuerte que ya no te quise soltar. Me aferré a ese empredrado que me atemorizó hasta que encontré uno de tus causes. Me devolviste la sonrisa cuando te sonreí, cuando me resignaba a haber olvidado como hacerlo. Te encontré tan seductora de repente, en tus colinas y tumbas, en tus zanjas y gente apurada. Será que me enamoré tarde de vos porque si lo hacía más temprano seguramente el alma, al despedirme de vos, se me desmoronaba. Porque es cierto que no sos de mí, tampoco soy de tus arroyos, aunque el porvenir sea incierto, cosa que me brinda esperanza, en vos ya dejo mi amor retozando en cada persona que a...

Timidez encantadora

Existe un punto intermedio entre el mundo real y los sueños. Cuando las pequeñas ventanas, incansables persianas, flaquean. Sucesos que se viven en el inconsciente, aquello que se percibe en un mundo no vivido. El mundo nuevo que se crea, uno que existe en su inexistencia. En ese punto intermedio fue que vi, fue que soñé, soñé con el ruido de unas vías de tren sentí el paso apresurado del transporte público. Vos también resultaste habitar en la ambigüedad de una existencia inexistente. Soy fiel creyente de que los sueños, su combustible, es tan solo la realidad vivida y la no vivida. Es por eso que te acuso a vos por este sueño. Surcando un clúster de estrellas, una nebulosa que, con los ojos cerrados, pude ver, al mirar por la ventanilla. Fue por vos, porque hablaste conmigo, por tu fascinación por el cielo, sobre estrellas cuya existencia olvido, incluso cuando cae la noche. Difícil no caer en tu encanto, en tu timidez irradiada en curiosidad. Ha de ser por vos, por gente como vos, q...

La madrugada en la que volví a soñar

¿Cuándo fue la última vez que cerré los ojos y soñé? ¿Cuándo fue la última vez que abrí los ojos y seguí soñando? Sueños cercanos, inalcanzables.  Cimas, picos tan altos, tan palpables. Cuándo fue la última vez que me encontré mirando, hacia mi interior, hacia el futuro  con tanto anhelo, con tanta esperanza.  El conocimiento de que el mundo se acaba ya no me amedrenta. Mi mundo se acabó hace mucho tiempo y nadie se dio cuenta. Pero, por suerte, mi alma advirtió temprano de que mi existencia continuaba, de que aún existo.  Y convenció a mi corazón y mente  de juntar mis revoltijos, para dejar de bailar descalza sobre los filosos pedazos de mis sueños rotos.  En lugar de eso, decidí juntarlas y ponerlas al fuego, así con ellas podría, quizás, soldar palabras. Aunque en lugar de eso, creo que soldé mi alma,  y a ese corazón roto de niña encaprichada que solía mirar al mundo como si en él hubiera  un futuro cercano, donde ella existiera.  En est...

Puentecito y madera

Imagen
                      I Un puentecito de madera marcaba el límite. ¿Qué había más allá? Nadie sabía. Información desconocida. Pájaro campana, su canto, ¿lo escuchás? Se está lamentando. Agudo, demasiado agudo. Vos, que estabas conmigo, ¿escuchaste? El eco del viento. No podés decirme que no escuchaste, que no escuchás, cada vez que pisás, que no te das cuenta. El puentecito marcaba el límite. Mis pies jamás lo debieron de haber cruzdo. II ¿Alguna vez escuchaste? El crujir de la arena, la agonía de la tierra, el sufrir del suelo. Sequedad sublime, que mirás atormentado tu cielo quemado, tu tronco cortado. Tus raíces, masacradas. Tus pétalos, degollados. ¿Qué hicimos? ¿Qué pudimos haber hecho? Preguntale a ella, por qué está llorando, si no sabe lo que está pasando. Sequedad sublime, serenidad engañosa, con tu calidez abrazadora, despedís a tus muertos. Manuscrito en Cuaderno de experiencia en prosa.

Mi persona ideal

 Alguien considerado. Con los demás, y consigo. Que no vea a la amabilidad como un instrumento, ni a las personas, como un medio para conseguir sus deseos. Que no vea a la amabilidad, la que es demostrada, como un acto de ingenuidad. Que no caiga en la indiferencia, pero tampoco en la martirización. Que sea gentil, con uno mismo, al despertar, al acostarse. Alguien consciente, con un nivel de autoconocimiento decente. Alguien, con una buena autoestima, alta positiva, con una comprensión de los privilegios dados, sin caer en la demeritación. Alguien, con una relación positiva con sus fracasos, y una apreciación constante de sus éxitos con moderación. Alguien con empatía, que no sea para justificar, sino para comprender que la gente son atardeceres, cambian por segundo, encasillar no sirve, quien asume pierde, nunca dar nada por sentado ni siquiera la memoria. Que entienda que el cambio siempre se da. Lo único constante es la inconstancia de las cosas. Y a pesar de eso intentar cambi...

Puentecito de madera

 Un puentecito negro de humedad y de años, Ese puentecito marcaba el límite. ¿Alguna vez te crucé? En mi memoria solo queda tu arena tu mansa arboleda tu paso sin pretensiones que cortaba la tierra. Puentecito de madera traicionero al paso como el yvyrasỹi. Quien más quien menos habrá caído por tu causa y en lugar de plagueos, tras la zambullida, risas fueron tu recompensa. Quizás por eso, cuando todos se fueron advertiste a la simiente que ya no había nadie, nadie con quien jugar. Por eso ya no irrigó, te tuvo piedad, te dejó secar. Manuscrito en Poemario Negro.

Necesidad II: Gloria de la mañana.

Imagen
  ¿Qué se necesita? Un poco de fe, esperanza. Y esfuerzo, que materialice a la gloria venidera. Gloria del mañana. Gloria de la mañana. Escrito en Instagram Luzdemir.

Orión vos y tu amante

 Mintaka, Alnilam, Alnitak. Mintaka, Alnilam, Alnitak. Dónde te has ido, no te veo a ningún lado. Dónde te has ido, que no estás aquí a mi costado. Si sos vos, quien siempre me persigue. Si sos vos, quien sin esfuerzo me aflige. ¿Qué fue de vos? No podés decir que yo ¿Qué fue de vos? fui quien se alejó. Era así, cuando te miran de lejos. Era así, cuando a lo lejos te veo. Cuando veo al cielo y miro, busco ese tu encuentro, porque sé que en este mundo transmutante, lleno de cambios, solo vos quedás inmutable. Cambios, cambios. Ser humano es cambiar. Cambios, cambios. Y este planeta, nuestro hogar quien nos concibió a su imagen con su semejanza, de su propio barro entonces nos hizo cambiar. Como los estados de su materia, nos hizo cambiar. Como cambia quien la gobierna, por los siglos de los siglos, extingue toda su vida, por los siglos de los siglos. Nos exhibe en esta tarima y cambiamos. Como cambian las flores y cambiamos. Como lo hacen los colores y sus nombres. Cada que alguien ...

Regresaste (¿Por qué?)

 Volviste a aparecer, volviste a regresar, regresaste una vez más. Me hacés preguntarme si en algún momento te fuiste de verdad. Volviste a aparecer frente a casa. Esa casa que no es mía ni tuya. Pasaste debajo de esa puerta, la puerta que vos pusiste y después quitaste, solo para volverla a colocar, como todo lo que hacés. Tenías un brillo nuevo en los ojos. La mirada llena de nueva esperanza, una mirada que ya había visto antes. ¿Cuántas veces? No tengo vida para contarlas todas. Estoy segura de que sos consciente, no hay manera de que no lo seas, aunque quizás sí lo seas, como fuiste ignorante de todos mis demás pesares. Pero de alguna manera, seguro te diste cuenta, que soy débil ante tus ilusiones. Encontré facilidad en tomar tus sueños, en hacerlos míos. Tan atrapada en tu narrativa, en tu seguridad y anhelo, estaba dispuesta a seguirte hasta el fin del mundo. Pero fuiste vos quien le puso fin a ese mi mundo. Nunca pediste por segundas oportunidades, al menos no a mí. Nunca o...