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Mostrando las entradas de marzo, 2026

Querido desconocido

Unas líneas delimitan una figura consagrada. Fronteras que trascienden, usurpadoras andanzas. Allí donde dejó, usted, fluir una sonrisa, y derramó de su mirada, imploraré en silencio por perdón, ante la osadía de mi impertinencia por este mi deseo de experimentar el áspero aroma de su andar,  de su silencio ancestral. Por deleitarme al sofocarlo de los míos, e impregnarme impune en la suavidad de su indiferencia. Allí donde se derrama una sonrisa, donde fluye una mirada, permítame la osadía de probar la dulce sentencia de sus palabras. Concédame el deleite de saborear aquella misteriosa fragancia, aquella que emana de sus pasos cuando se esconde de mí su espalda. Querido, de mi amor, desconocido. Mi amor, querido desconocido. Manuscrito en Poemario Negro.

Para las flores que...

Para las flores que florecen en el suelo, para aquellas que, tras ser derribado su tallo, se aferran a sus raíces para imbuir al mundo con la suavidad y firmeza de sus colores. Para las flores que florecen aún arrancadas, para aquellas que, por haber sido desechadas, al perder gracia en los ojos de sus inquisidores, obsequian con rebeldía las últimas llamas de su vida. Para las flores que son pisadas, con nomnres que se pierden en la ignorancia, para aquellas que florecen a pesar del suelo, a pesar de ser contínuamente masacradas por desmalezadoras en pos de una estética artificial monótona, repetitiva, autodestructiva. Para las flores que vuelven a crecer por tener las raíces intactas. Para las flores que esparcen su legado antes de sus raíces ser trituradas. Para las flores que florecen, que buscan florecer. Para las flores que florecen, se marchitan y vuelven a florecer. Manuscrito en Poemario Negro.

Postre, el que era mi favorito

Ayer volví a probar mi postre favorito. Recordé qué había hecho cuando lo amaba, comparé qué hacía cuando me disgustaba. Ayer comprobé que demasiado de lo mismo cansa, demasiado de lo mismo aturde, empalaga. El contraste es, a veces, necesario, para experimentar cada aspecto de la vida de manera individual, unida en su separación con cada latido. Manuscrito en Poemario Negro.

Te amo: deseo ya no amarte

Llegaste a mi vida como un verso uno que no supe interpretar. Los poemas rara vez se encontraban entre los platillos de mi degustación. Más allá de todo se debía a la impertinencia que hallaba en lo rebuscado de sus palabras,  en la sátira que no pillaba, en lo empalagoso de sus metáforas. Me conformaba con vivirla pues sabía que no hacía falta para a la poesía poderla hallar. Yo creía que la había hallado en tu mirar, en tu caminar, pero me resultaba como poema incomprensible sin contexto. Muy similar me era tu presencia. ¿En qué idioma se hallaba codificada tu existencia? Deseaba hallarme escribiendo con el idioma de tu alma con el temor a descifrarla. ¿De qué hablará tu mirada? ¿Qué querrán decir tus pasos? El sendero que escogiste, también, guardaba en sí un significado. ¿Era justo para mi corazón hallarlo? El sendero que escogiste, también, guardaba de mí su significado. Debería de haber comprendido que tu lenguaje se me había sido prohibido, incluso antes de saborearlo. Por e...

Deseo de amar

El sol acudió en consuelo desde el este y partió en resignación al oeste sobre un corazón amargado que se limitó a recibir tan solo aquello que se le era otorgado. ¿Cuántas veces habrá sido? ¿Cómo y cuando se habrá repetido? Ahora a ese corazón lo desborda un deseo el de dar, sin piedad, otorgar de su esencia más fantasiosa con necedad, con sinceridad. ¿Cuántas veces habrá sucedido? Ahogarse en un amor que no era mío, por temor a causar a alguien más algún desvarío por un amor no correspondido. En los labios saborear un nombre, morder con ternura miradas corresponder no podía. Sostuve las manos de un anhelo ajeno, esperando la noche en que amanecieran, finalmente, como míos, que se tornara mi hastío en anhelo genuino. Ese anhelo de derretirse en aquel fuego que consume al corazón desde dentro. No tener que aguardar con la esperanza de que en algún momento  esas brazas se prendieran al carbón mojado dentro de mi pecho. ¡Ah! que privilegio ser correspondido. Que azarosa la reciprocid...

Deseo de dar amor

¿Qué es eso que anhelas con tanto fervor,  corazón mío? ¿Acaso una vez más dices estar rebosante de amor,  corazón mío? ¿Deseas amar, ser amado? ¿Encontrarte, perderte en alguien más? ¿Te sentís ya preparado? ¿Sos consciente de la magnitud de tu pedido? ¿Qué es eso que verdaderamente deseas? Pregunto, porque me asusta este anhelo. Que sea temporal,  que sea pasajero en mi deseo por eternidad, no importa, solo que sea verdadero. Un instante real,  eso pido, no para nadie más, sino solo mío. Manuscrito en Poemario Negro.

Mi postre favorito

Hoy probé mi postre favorito y me harté a la mitad. Su textura era la misma, su aroma, color y sabor, todo similar, todo igual. Al final, me lo tuve que acabar aunque fuese muy a mi pesar, para bien o para mal. Cumplió su cometido cual es el de saciar aunque no haya podido deleitar al paladar. Aún así no cambia el hecho de ser mi postre favorito. Una vez más la voy a degustar. En otra ocasión, menos saciada, menos expectante, habiendo extrañado. al igual que aquellos amaneceres y atardeceres que la vida me dosifica para que no amanezca un día dopada de hastío, empalagada de la vida. Manuscrito en Poemario Negro.

Flor majestuosa

En sitio árido te hallabas. Digna, fuerte, robusta.  Rodeada de maleza, te convertiste en una de ellas. Imitaste su perseverancia, tomaste de ellas su resistencia. Ocultaste tus vívidos pétalos en el fulgor de las de ellas. Flor de ornamento, flor de maleza, vos cerraste la brecha. Para mí, para el corazón que te admira, ¿será que voy a poder ir mañana a tu encuentro? ¿Me vas a estar esperando? O será que ya las manos celosas  te habrán de haber arrancado de mi destino. Manuscrito en Poemario Negro.

Vida cíclica

Días lentos, suaves y calmados, días que pasan de largo. ¿Te das cuenta, como nada realmente ha cambiado? Todo siempre se repitió y fue lo mismo. Aquello que ya vivimos lo volvemos a experimentar, aunque no lo recuerde. ¿Es lo mismo para todos? ¿O solo yo tengo de enemiga jurada a esta mi memoria pasajera? Lo que voy aprendiendo ya lo conocía. Lo que vengo pensando ya lo había escrito. Me condené a mi misma a habitar en las páginas a existir y forjar mi destino en tinta. Manuscrito en Poemario Negro.