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Mostrando las entradas de mayo, 2026

Vivís tu vida

Vivís tu vida con la delicadeza de una brocha, que va trazando con deliberado recelo dos líneas sacrosantas, entre sí entrelazadas vulneradas solo por el sol del cielo y sus anhelos. Vivís tu vida enamorada de una sombra que va trazando su delicado vuelo dos líneas sacrosantas, para siempre separadas vulneradas solo por el son de un sueño y sus deseos. Manuscrito en Poemario Negro.

Mi país

Quisiera algún día encontrarme con mi pueblo, encontrarme sentada y en la mirada ajena hallar consuelo, que sus costumbres sean mis costumbres, que halle en mis valores el reflejo de sus valores, que aquello que me mueve sea más que un simple juego, que mis deseos no sean simple ideal ingenuo. Algún día quisiera encontrarme con mi país, donde los arreboles ya en las madrugadas estén latentes, donde la aurora no se rompa con el corazón de la gente, donde guardar el alma sea la opción más evidente, donde mi amor no sea una forma sofisticada de ser indiferente.

Irreflexiva piedad filial

Cruzaste hoy por la calle pasajera de mi morada.  Vi tu silueta, aquella que con ansia recordaba. Bien podría haber sido otro, como en aquella madrugada,  pero te he visto, yo sé, por ese instante que fue nada.  Querría mi hogar recibirte con abrazos, fijarnos en la meta al compartir llamados, afuera encontrarnos conocidos, cercanos,  pronunciar tu nombre con firmeza  sin titubeo desalmado.  ¿Qué fue para vos la divina providencia? ¿Cuántos de tus pasos así se me fueron regalados? ¿Cuánto de mi ser  te terminó debiendo algo? Calamidad carente de significado  cuando se perdió aquello acordado,  cuando me diste de tus irreflexivos pasos y de piedad filial quedamos adeudando.  Cruzaste hoy por la calle pasajera de mi mirada.  Vi tu sonrisa, aquella que con ansia recordaba.  Bien podrías haber sido vos de niño, como en aquella trágica madrugada. Manuscrito en Cuentario Celeste Araña. 

Hoy llegué

Hoy llegué al lugar donde habías estado. Me instalé en tu silla, miré a los ojos a tu legado.  Que pesadumbre, atrocidad, estocada al corazón.  ¿Fue por causa de los años que tu ánimo cayó? ¿Hubo siquiera un tiempo en el que algo de todo esto te importó? ¿Cómo pudiste mirarlos a ellos, conocerlos,  y aún así otorgarles a ellos la peor traición para nuestra profesión? ¿Cómo pudiste cometer tal negligencia hacia corazones llenos de pasión? ¿Cómo es que siquiera seguís teniendo cara para dejar que te sigan llamando como te llaman,  recibiendo el honor que les arrebatás,  seguir percibiendo por lo que callás? Ayer llegué al lugar donde habías estado.  Encontré todo hecho trizas, maltratado.  Un espejo, un vidrio roto, una tapa abollada,  la puerta forcejeada, un agujero en su fachada.  Me encontré con tu imagen, desasosegada.  Tus ideas, pensamientos, conocimientos,  lo derramaste todo en el barco que abandonaste sin haberte siquiera to...

Miopía en anteojos.

En cajita consagrada llegaste a mi vida, a mis manos. Pintaste de colores el prado de pastel y un tinte amargo. Mirar la vida y a sus hijos a través de tus ojos de vidrio. Fragmento de realidad lejano en tu cristal enaltecido el claro de luna y sol, insignificantes. Media vida entera habrá pasado en el susurro y respirar de las voces, en el palpar y admirar los roces, en sentir la admiración encontrada lejos, muy lejos de la mirada.

Mis niños

Escuché que reíste, que ternura de sonrisa. A alguien llamaste, tu voz me la trajo la brisa. Y yo seguí volteando, tratando de encontrarte. Oh, rostro conocido, en aquel desfile andante. Para el momento aquel, en que nuestras miradas se encontraron, no, solo yo miré. Pues en ese mar de miradas, de ojos perlados, de sonrisas anheladas, por emoción afectadas, nada mío existía, nada para mi era hallado. Tan solo, quizá, una simple revelación, el deseo de hacerlo mis niños a todos, de a todos decirles hijos de corazón. De hallar en sus pequeños pasos mis quebrantos, de hallar en sus saludos a mí esa emoción ajena a todo extrañeza, devota pero sin sumisión. Con qué autoridad, con qué vergüenza pido este deseo cuando te vi pequeño, aún pudiendo sostenerte en brazos, por no ser mío no te pude haber arrebatado y más con palabras severas busqué hacerte a un lado. Con qué autoridad, con qué vergüenza, después de haberme apartado. Este espíritu mío quizás nunca debería de soñar con alguna vez ver...

La locura de olvidar amar

La locura de amar la necesidad de encontrar el impulso de buscar el motivo de soportar la amargura de hallar la locura de amar. Qué hacer con un corazón que encontró tan dulce enamorarse,  pero solo ama cuando recuerda y, oh afrenta, si existe única cosa que sabe hacer es olvidarse de cuanta cosa le sucede, de cuanta cosa decide enterarse.  Qué hacer con un corazón que encontró bueno enamorarse, pero la locura que siente es mera ilusión, pues al voltearse, pierde la memoria, como estar de golpe sobria, todo va para un cauce  de pensamientos errantes que parecieran ajenos, y que contrastan con el deseo de seguir recordando, vez tras vez, para volver a enamorarse. Manuscrito en Poemario Negro.

Deudas

Tuvimos tiempos de ahorro y de derroche. Tuvimos tiempos de prosperidad, de escasez, de goce.  Atravesamos juntos las montañas, tierra, mar y bosque. Los senderos que cruzamos fueron, los más, de reproche.  Y en las instancias más severas,  cuando se apoderaba de nosotros la noche uno de ambos decidió dejar de hacer delirar, dejar de hacer de ello algo que se ignore.  Porque cuánto más tiempo de verdad tuvo que pasar,  Para lo que sucedía poderlo asimilar Y aquello sufrido transformarlo en manjar digeribile, fácil de tragar.  Dejar de ahogarse en el desgaste,  dejar de perderse todos los meses,  dejar de ir tras lo lejano,  lo que no es verdadero, lo vano. Manuscrito en Poemario Negro.

Te amo: te extraño demasiado

Un diciembre, pasamos todo, felices fiestas, hasta el año que viene.  Un equinoccio, tres meses, sentarme a tu lado  cual su fuéramos siameses.  Por eso mis pasos se pusieron en marcha de vuelta,  caminaron como descalzos, tropezaron sin pausa.  Soltaron mis labios una plegaria,  sin saber yo rezar, contra el vidrio templado de horizonte demacrado,  marcado difuso por el anhelo sin nombre de volverte a encontrar.  Tras las escalinatas, no habían sino miradas,  rostros en blanco y sonrisas marcadas,  ajenas a nuestra existencia,  indiferentes a nuestra ausencia.  Quedé, entonces, yo, con los hielos en las manos sin saber dónde dejar reposar el alma por no hallarte a mi lado.  Quedé, entonces, yo, varada, sin entender qué había pasado.  Hoy, sin embargo, por fin he escuchado,  alegría de mi vida, que te has marchado.  Demasiado lejos, como para compartir un abrazo.  Demasiado lejos, como para volver a ans...

Te amo: con este mi amor te esperé

Esperanzada en la madrugada esperé tu llegada. Admiré tu ausencia con ansia serena.  Procuré tu crecer desde el fondo de mi ser.  Con el oleaje de las nubes imaginé tu rostro,  encontré en tu luna la luz de mi desgracia,  la epopeya maldita que por ser contada ya está desgastada.  Por cuanto todo aquello que se pudo haber hecho  perdió hace tiempo ya todo significado y aún con la consciencia funesta de todas las cosas  el alma persiste en el afán de de admirarte,  de mirar con recelo, por fin tu amanecer perecedero. Me hice prisionera, también, de tu encanto cegador,  de aquello que rechazamos mutuamente  y aún embriagada en el rechazo te esperé insistentemente.  Porque para mí, un poco es mucho.  A veces, incluso, demasiado, y entre tenerte a mi lado o jamás haber tenido pasado,  prefiero esperarte eternamente.  Que no llegues, aún si siempre estás llegando.  Nos llamamos mutuamente por siempre,  porque más...

Te amo: con este mi amor「espero」A mi flor enamorada

Esperanzada en la madrugada esperé tu llegada. Admiré tu ausencia con ansia serena.  Procuré tu crecer desde el fondo de mi ser.  Con el oleaje de las nubes imaginé tu rostro,  encontré en tu luna la luz de mi desgracia,  la epopeya maldita que por ser contada ya está desgastada.  Por cuanto todo aquello que se pudo haber hecho  perdió hace tiempo ya todo significado y aún con la consciencia funesta de todas las cosas  el alma persiste en el afán de de admirarte,  de mirar con recelo, por fin tu amanecer perecedero. Me hice prisionera, también, de tu encanto cegador,  de aquello que rechazamos mutuamente  y aún embriagada en el rechazo te esperé insistentemente.  Porque para mí, un poco es mucho.  A veces, incluso, demasiado, y entre tenerte a mi lado o jamás haber tenido pasado,  prefiero esperarte eternamente.  Que no llegues, aún si siempre estás llegando.  Nos llamamos mutuamente por siempre,  porque más...

A mi flor enamorada

Esperanzada en la madrugada esperé tu llegada. Admiré tu ausencia con ansia serena.  Procuré tu crecer desde el fondo de mi ser.  Con el oleaje de las nubes imaginé tu rostro,  encontré en tu luna la luz de mi desgracia,  la epopeya maldita que por ser contada ya está desgastada.  Por cuanto todo aquello que se pudo haber hecho  perdió hace tiempo ya todo significado y aún con la consciencia funesta de todas las cosas  el alma persiste en el afán de de admirarte,  de mirar con recelo, por fin tu amanecer perecedero. Prisionera de tu veredicto, ¿cómo no te pude ver? Tus pétalos consagrados derretidos al sol.  Te esperé bajo la luna mansa,  era mi delirio verte florecer.  Qué tan tarde habré llegado,  por cuánto tiempo te habré sofocado  en recuerdos mutilados que aún debíamos haber formado.  Pero si no eras vos, era quien se cubría de un manto de cuerpo celeste. Y si eras vos, en un mundo donde todo es aparente, te fui...

Tapiz de trébol

Que se extienda la espesura de tu vestido que repoble toda la tierra de un suspiro.  Calmada fuiste y regresaste sin aliento,  por ser todo cuanto otorgaste, fiel sustento. Cuida los pasos de quien anda sus senderos, cautiva las fauces de quien pasa por ellos.  Encierra el racimo del fruto venidero, renovada aún con el peso de sus lamentos. Si encalla su mirada por este momento, si se halla en la oscuridad de este tormento, en el verdor glacial de nuestro cimiento, que se recueste y vea como si fuera cierto.  Si no se hallare será, pues, desconcierto para aquellos que aguardan su nacimiento. Y el oleaje de la lluvia de hace un momento,  curará de ellos todo llanto y sufrimiento. Manuscrito en Poemario Negro.

Hormigas y mosquitos

Se fijaron en piedra los cánticos salidos de su boca. La norma fue impuesta, quien no callaba, a la ahorca.  Piensen lento, corran rápido,  pues quien logre atravesar el espanto liderará a las hormigas por nuevo campo.  Corran, rían y saluden,  miren a sus costados.  Salten, alcancen y lloren,  han superado el encanto.  Quién sabe cuándo podrá repetirse la hazaña y ver nuevamente al mosquito aplastado.  Si no fuesen por esas botas, negras al filo,  cualquier transeúnte moraría en su estilo,  y dejaría un alma atravesada en el camino como ofrenda sangrienta para curar al impío.  Manuscrito en Poemario Negro. 

Apuro y descanso

Aroma cautivador de soledad tormentosa. Silencio temerario que en la oscuridad se asoma.  Sentada allí se encontraba para quien desee atravesarla, combatir con osadía su tranquilidad abrumadora.  Pasaron caminando unos dos, tres o cuatro,  pero pasaron de largo, como huyendo de algo.  Regresaron sobre sus pasos dos que andaban perdidos, y se aparcaron en su manto en desafortunado descuido. Qué tristeza, ver ojos brillantes pasar, sin detenerse siquiera a juzgar. Van así, por ahí, corriendo,  sin pausa para el descanso o recuperar el aliento.  La soledad persiste incluso en aquellos,  en bullicioso desespero, los sigue consumiendo. Si tan solo dejasen que la oscuridad, si hogar y amiga,  les diera un abrazo cálido, les daría la bienvenida. Manuscrito en Poemario Negro.

Te deseo (deseo tu deseo)

Inspiración, fuente de oración. Auspicio de algo divino expresado en canción. Para quien clama, todo es clamor. Para quien ama, todo es amor. Pero vos fuiste daga clavada directo al corazón y para alguien más, quizá quien te ama, daga clavada en la espalda sin un ápice de compasión. Como inspiración misma te atesoré, dije. Nada de ello eras, encarnación misma de la condenación. Qué era sino tormento errante en busca de alguna clase de redención. Te fuiste apenas llegaste conociendo tu error. Te equivocaste y me orillaste a amar una vez más a quien no puedo dar amor. Mirá, corazón mío, lo que provocaste. Juro que te bendigo todos los días por nunca tomar acción. Manuscrito en Poemario Negro.

Toky tosyry

Quien desee vivir, que busque la forma. Quien desea vivir, hallara la manera, y vivirá. Por eso grita, grita, llora tan alto que los cielos se rompan. Grita , grita y llora. Pero si gritar, gritar y llorar sirviera para vivir, los musgos, botones de algodón y escarabajos,  todos, todos estarían gritando. Todo cuanto vive estaría gritando, y no habría más muerte. ¿De qué sirve guardar la esperanza? Pero él gritó, gritó y lloró, tan alto que los cielos se rompieron. Cayó, entonces, sobre él la condena a cántaros, pero él siguió gritando.  Gritó tan alto que aquellos con oídos lo escucharon. Gritó tan alto que su voz atravesó vidrio, valles y collados. Quien desee vivir, que busque la manera. Quien desee seguir viviendo, que viva. que grite, que llore, que cante y baile, que le susurre al viento su deseo y rompa la tierra para lograr el encuentro, que corra y salte, que nade y respire. Quien quiera que desee la vida, que luche durante cada segundo de ella para mantenerla. Por qué...

SPM

¿Qué sientes, cariño mío? Aquello entre las costillas, demasiado apretado. La boca del estómago, demasiado ahogado. ¿Pero qué es? ¿Por qué? ¿Por qué me encuentro así? No lo entiendo. ¿Por qué me siento de esta manera? No lo comprendo. ¿Ya viste las flores? ¿Sus brillantes colores? El contraste con el tinte nublado, dando espacio al clima templado. La tierra húmeda, el pasto mojado, la ternura de los musgos en los árboles. ¿Viste? Una tan regordeta de agua  que casi cae al suelo. ¿Ya viste? la intensidad rosada de una nueva flor. El florecimiento en conjunto de los jazmines. El cielo de nubes monocromáticas en su más puro estado multicolor. ¿Entonces, por qué? ¿Por qué estoy así? ¿Por qué me siento así? Me obligo a respirar hondo, sentir el aire de tormenta fría ahora, tan sutil, agradable, mi ánimo está perfecto. El corazón cálido por la emoción, por el sosiego. Y aún así, aprisionado. Demasiado, demasiado apretado. La boca del estómago se transmite a la garganta en su presión. Aho...