Rencor, resentimiento
Cuando se otorgaron los dones,
decime, ¿en qué lugar te encontrabas?
Cuando se repartieron los talentos,
decime, ¿dónde estabas parada?
Supe que te sedujeron
las bondades de este mundo.
Que te perdiste en la extrañeza
de cada pequeña cosa conocida.
Ignoraste murmullos de lamentos,
deliberadamente escogiste ese sendero.
Exprimiste la humedad de tus súplicas,
los musgos se acurrucaron bajo tus dedos.
Cuando viste a la lluvia venir,
supe que la dejaste sobrevenir para tu consuelo.
y las hojas de ocaso mancharon tu vestido,
y los pétalos de tu destino murieron sin cuidado.
Se me fue dicho que se te fue ofrecido
un pedazo de vidrio transparentemente opaco.
Que cuando lo enterraste en el barro
esperaste que algo de él naciera,
algo que floreciera.
Si fue por las rodillas que se pelaron al doblarse.
Si fue por los nudillos que se rasgaron por el vidrio triturado.
Si fue por la sal de río que derramaste
mientras apartabas con las uñas
aquella escarlata lava añejada y mojada.
Habrá de haber sido difícil incorporarse,
fácil volver a levantarse.
Zoncera, zoncera nomás era.
Porque el cuchillo en su mano
era para pelar naranjas.
Zoncera, zoncera nomás era.
Y todo lo que hacías
era mirar para condena.
Cuando se otorgaron los dones,
cuando se repartieron los talentos,
el olvido y el recuerdo se sentaron a tu lado.
Que lástima, que lástima que te sentaran a su lado.
Te quedaste ahí,
recordando el recuerdo olvidado,
olvidando el olvido recordado.
Manuscrito en Poemario Negro.
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