La belleza de una flor...

Esparcida toda tu cobertura,

te limitaste a observar al sol dorado.

Concediéndole toda tu cordura,

hallaste en el encuentro aquello acordado.


Un pacto sagrado de vivir para vivir,

la promesa de la hermosura para contemplación,

la saciedad de poder haber hecho existir

a pesar de haber tenido que vivir tal inmolación.


Fue el viento, fue su sombra, fue la lluvia que cayó.

Fue el pasto, la maleza, fue mi mano quien cortó,

tus tiernos tallos, tus callados,

todas tus hojas en verde flor.


Ahora imploro tu perdón.


Manuscrito en Poemario Negro.

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