Susurros del alma

Los susurros que me helaban el alma

tornaron en eco de una soledad.

Tan inmensa como la faz de la tierra,

tan basta como la extensión del mar.


Los susurros que me helaban el corazón

tornaron en una melodiosa canción,

que lejos de perderse en aquella estación

o transformar a esta alma en duro caparazón,

me brindaron calma, esa dulce sensación.


Los susurros que me helaron la existencia

tornaron en una voz que buscó ser escuchada,

una que surcó los confines de la expansión,

una que se acurrucó en el abismo del cielo

en el paraíso de las profundidades,

encontró en algún sitio unos oídos

antes de perecer, de en espuma tornarse.


Manuscrito en Poemario Negro

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