Lo que queda tras el cambio, lo que cambia por aquello que queda

 Hoy me tocó volverte a ver,

me tocó volver a caminarte.

Pisé tu musgo, tu pasto, tu arena.

Me tocó volver a buscar cómo amarte.


Porque en tu porosidad, en tu humedad,

en tu resolana y tu sequía,

ya no te pude encontrar más.

A vos, a quien conocía.

A quien temía.

Yo creí,

yo pensé.


Porque cambiaste vos

y me resulta fácil volver a amarte.

Porque resulta que te temí en valde.

No eras vos quien me asustaba,

sino aquellos que pisaban

tu musgo, tu pasto, tu arena.


Ahora regresé,

para amar lo que no amé,

para cambiar lo que no cambié.

Para hacerme creer que aún puedo hacerlo.


El sapito que decide saltar es diferente

del sapito que saltó.

Ahora que decidí saltar,

ahora que salté,

caí, y me apuñalé en el corazón.


Ahora me tocó volver a experimentar,

eso que siempre se experimenta en tu casa.

Me tocó tomar de una

la esencia concentrada de mi esperanza.

Me tocó encontrar y volverme a colocar

ese mi pequeño collar de bronce bañado en plata

que tiene como dije

el rencor y frustración que ustedes me causan

y que, solo porque no quiere, no me mata.


Quien diga lo contrario, podrá decirlo,

aunque sea un hecho que nadie puede callarlo,

es la maldición de mi existencia,

aquello que los mantiene atados.

Pues por más que estén ya separados,

por más que todo alrededor haya cambiado,

desde el centro de sus corazones,

de sus aprendizajes y errores,

todo el tumulto y el dolor que causan.

al parecer,

siempre quedará intacto.


Por eso rehúyo de mí misma.

De este ser maldito para ustedes

que anhela una escapatoria.


Si ustedes no cambian,

yo cambio.

Así como todo cambia,

me forzaré a cambiar.


Manuscrito en Poemario Negro.

Comentarios