Postrada en tu cama de rocío y río
Corazones verdes, entrecortadas,
tres niñas yacen, entrelazadas.
Mirame a mí con esa tu mirada
de niña blanca perdida en la alborada.
Postrada en tu cama de rocío,
tapiz de musgo y serenidad,
sostiene tu ser el cimiento, la esencia,
de la madre que da muerte con ansia serena.
Una al cielo, dos al universo,
tu sol encendido apunta al horizonte.
Una al cielo, otra contra el cemento,
tu capullo cerrado jugando a ser monte.
Postrada en tu cama de río,
tapiz de cera y celeridad,
sostiene tu ser el tormento, la esencia
de la madre que da vida con dádiva eterna.
Cúmulo de millares, centenares de estrellas,
corré y mirá, aquello que hay por encontrar.
Lágrima de algodón que persiguió sueños,
ramo encantador que persiguió al cielo.
Manuscrito en Poemario Negro II
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